El papa Francisco se reúne con la sociedad civil y quienes ayudan a los pobres

La hermana Liliani María de Jesús  muestra la bodega donde guardan la ropa usada que ha sido donada y que erntregan a las personas necesitadas en Quito, Ecuador, el luned 06 de julio de 2015. Liliani y otras cuatro hermanas recorren las frías calles capitalinas  en busca de indigentes para alimentarlos, bañarlos y darles ropa limpia. (AP foto/Jacobo Garcia)

La hermana Liliani María de Jesús muestra la bodega donde guardan la ropa usada que ha sido donada y que erntregan a las personas necesitadas en Quito, Ecuador, el luned 06 de julio de 2015. Liliani y otras cuatro hermanas recorren las frías calles capitalinas en busca de indigentes para alimentarlos, bañarlos y darles ropa limpia. (AP foto/Jacobo Garcia)

 

 

La hermana Liliani María de Jesús muestra la bodega donde guardan la ropa usada que ha sido donada y que erntregan a las personas necesitadas en Quito, Ecuador, el luned 06 de julio de 2015. Liliani y otras cuatro hermanas recorren las frías calles capitalinas en busca de indigentes para alimentarlos, bañarlos y darles ropa limpia.

Desde que el papa llamó a salir de los conventos y entregarse a los pobres, hay un nuevo espíritu que alimenta el trabajo social entre algunos laicos y religiosos de Ecuador. Y Francisco lo sabe.

Cientos de representantes de la sociedad civil están convocados para encontrarse el martes con el pontífice, entre ellos Gloria Dávila, directora de la Fundación Tierra Nueva que asiste a miles de enfermos de la zona más pobre de Quito.

El proyecto que dirige Dávila es el sueño de un italiano, el ya fallecido padre José Carollo, quien siempre quiso llevar a las favelas del sur de la ciudad un hospital de calidad.

“La emigración interna provocó la llegada de miles de familias sin acceso a los servicios más básicos”, dijo Dávila a The Associated Press. Luego llegó una universidad, un centro de atención a madres jóvenes, drogadictos o niños con discapacidades físicas y mentales, entre otros proyectos. La Fundación cuenta incluso con una unidad móvil que atiende a los más desfavorecidos por las calles de la ciudad.

Junto a Gloria también estará el martes con el papa, Marcela Cruz, encargada del área social de la Fundación, quien se siente especialmente feliz al ver un papa que habla con “un lenguaje alto y claro”, que ha decidido poner a los pobres por delante “pero no de una forma paternalista sino mediante un cambio de las estructuras y las mentalidades actuales”.

“Si tengo posibilidad le diré al papa que este Fundación encarna la misión y la mirada periférica que nos pide”, dijo.

El proyecto estrella de la Fundación es un enorme hospital desde cuyas ventanas se ven los verdes montes de Quito pero también las casas de ladrillo y techo de cinc que marcan el límite de esta ciudad de casi 3,5 millones de personas. En este hospital se hacen radiografías o se mantiene en la Unidad de Cuidados Intensivos a gente de bajos recursos el tiempo necesario.

A pocas calles de ahí vive José Guamán, de 10 años, que se arrastra con una enorme sonrisa por el salón de la casa debido a una atrofia medular que le impide caminar y que lo ata a una silla de ruedas. Entre otras cosas la Fundación que dirige Gloria supervisa la evolución médica del niño y le consiguió, por ejemplo, los documentos necesarios para lograr una ayuda del Estado de 240 dólares al mes para la manutención del pequeño.

“Siento una alegría enorme ante la llegada del papa que nos da a todos la fuerza para seguir adelante. Rezaré para que Tierra Nueva pueda ayudar sin descanso y por nosotros para tener la fuerza de voluntad necesaria para seguir adelante”, explicó su madre Alexandra Guamán, en una sencilla casa alquilada de cemento y madrera.

Tierra Nueva localizó al padre de José, le obligaron a reconocer a su hijo y a responder económicamente con la manutención.

Francisco estará también con miembros de la comunidad religiosa implicados en proyectos sociales y ahí estará la madre Liliani María de Jesús, de la orden de la Toga de Asis, y cuatro “monjitas” más, como ella las llama.

La hermana Liliani, de origen brasileño, y un grupo de religiosas y cooperantes salen todas las semanas por las noche en busca de los indigentes, alcohólicos y drogadictos de la fría ciudad de Quito para llevarles algo de comida, cortarles las uñas, lavarles el pelo o cambiarles la ropa.

La mayoría de ellos están enfermos de cirrosis, tuberculosos o sida. “El objetivo es dignificar al ser humano”, dijo desde el comedor de la iglesia de Santa Bárbara, un edificio del siglo XVI del Centro Histórico, que fue la primera iglesia de la ciudad.

“Él nos dijo que salgamos de los conventos y así lo hicimos”, añadió sobre el mensaje del papa.

Dijo que cuando esté frente a Francisco le dirá que “lo sentimos como el papa de los pobres y que gracias a él tenemos la sensación de que no estamos solas”.

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